Ciertamente este era uno de esos veranos donde te planteas la posibilidad de trabajar, ante tu atónita perplejidad de haber aprobado casi todas. Eliges esa opción (en vez de pegarte el verano padre) porque presentas un déficit altamente preocupante y necesitas saldar cuentas lo antes posible.
Se empieza una escalonada búsqueda de curro de todo tipo: Teleoperador, grabador de datos, comercial, programador, promotor, dependiente... Me llaman de muy pocos sitios para concertar entrevistas, otros días ni eso. Me desespero, me resultaba complicado encontrar rápidamente "algo"; la angustia me invadía. Isa me pregunta qué te pasa, mientras masticaba los alimentos sin empeño, ni disgusto, ni placer, con ojos inexpresivos... (¿La crisis? Es posible -pienso.)
Se empieza una escalonada búsqueda de curro de todo tipo: Teleoperador, grabador de datos, comercial, programador, promotor, dependiente... Me llaman de muy pocos sitios para concertar entrevistas, otros días ni eso. Me desespero, me resultaba complicado encontrar rápidamente "algo"; la angustia me invadía. Isa me pregunta qué te pasa, mientras masticaba los alimentos sin empeño, ni disgusto, ni placer, con ojos inexpresivos... (¿La crisis? Es posible -pienso.)

En fin, siguen llamando, pero éste ("En relación a la oferta de grabador de datos en la cual usted se ha inscrito. Por favor, traiga un currículum y preséntese en el Paseo de la Habana Nº5 que le haremos una entrevista...") resultó ser algo que llegó a escapar totalmente a mi comprensión.
Tengo que decir que en la vida he trabajado de grabador de datos y solo sé que es meter mucha info a una velocidad de vértido, o eso me parecía a mí.
El día se tornaba pegajosamente caluroso, daba la sensación de que había una luz blanca y penetrante que parecía brotar de los cristales de los edificios. Tenía la sensación de que mis ojos estallarían al encontrar los reflejos si miraba fijamente una de esas fachadas de ventanales amplios, que absorbían y refractaban el sol como esponjas multicolores. 36ºC indicaba un termómetro de una parada de autobuses en plena Castellana. La avenida estaba algo desierta y era extraño. Miro el reloj del móvil; indica las 15:54 y ya estaba llegando al desconocido lugar.

Llego y la veo venir. Era una chica rubia, con gafas, expresión melancólica, parecía hastiada con su trabajo. Lo noto en sus ojos (hinchados), decaídos, tristes y claros a la vez. Deduzco que debe tener unos 28 o 30 años muy mal llevados. "Sin gafas y más arreglada sería preciosa" -concluyo. Me esboza una protocolaria sonrisa y me invita a tomar asiento.
- Y dime, ¿cuantas pulsaciones por minuto tienes? -me pregunta; su voz inspiraba inseguridad-. Porque es importante que lo sepa.
- Ehmmm, sobre unas 330 -digo con firmeza, aunque me había pillado algo desprevenido, y ciertamente no sabía cuantas PPM tenía, solo sé que escribiendo rápido me defendía. Iluso de mí.
- Pues nada, necesitamos unos 100 grabadores de datos para trabajar en fuencarral, ¿estarías dispuesto a aceptar este trabajo? -dice Natalia, aunque lo dice mecanicamente, como si ya lo hubiese dicho un millón de veces y esta vez no iba a ser un excepción.
- Por supuesto! ¿Cuando empiezo? -Afirmo y pregunto atrevidamente-. Es que ya tocaba :D
- Jaja, bueno, lo único que queda es hacerte una prueba en el teclado -Se reafirma y siento una ligera puñalada en la espalda-. Mira, siéntate en ese ordenador de detrás tuya y ya te indico.
- Ehmmm, sobre unas 330 -digo con firmeza, aunque me había pillado algo desprevenido, y ciertamente no sabía cuantas PPM tenía, solo sé que escribiendo rápido me defendía. Iluso de mí.
- Pues nada, necesitamos unos 100 grabadores de datos para trabajar en fuencarral, ¿estarías dispuesto a aceptar este trabajo? -dice Natalia, aunque lo dice mecanicamente, como si ya lo hubiese dicho un millón de veces y esta vez no iba a ser un excepción.
- Por supuesto! ¿Cuando empiezo? -Afirmo y pregunto atrevidamente-. Es que ya tocaba :D
- Jaja, bueno, lo único que queda es hacerte una prueba en el teclado -Se reafirma y siento una ligera puñalada en la espalda-. Mira, siéntate en ese ordenador de detrás tuya y ya te indico.
Me siento, ella está a mi izquiera desde su despacho, viéndome de perfil, frotándose las manos.
- ¿Ves ese folio con esos datos? -dice-. Pues los tienes que meter en esas celdas del Excel y cuando hayas acabado lo repites otra vez hasta que yo te indique que pares. Cualquier duda me preguntas, ¿de acuerdo?Escribo lo más rápido que puedo; se me traban los dedos. "¿Qué me pasa?" -repito una y otra vez. Logro acabar con el folio, empiezo otra vez. "Y si hago Copy-Paste?", lo intento con las dos primeras líneas y entonces intuyo, veo y giro y razono que está viendo lo que yo hago desde su ordenador, por lo que empieza para mí una vertiginosa pesadilla. A la tercera o cuarta vez que repito el folio acaba la prueba y disfruto de un ligero y merecido alivio... Cuando de repente me trae otro folio con una retahíla enorme de números.

- Bien, ahora toca la segunda parte de la prueba. Vas a meter estos números en las celdas y cuando acabes con toda la columna de números la repites de nuevo -me lo dice con una ligera sonrisa en su descuidado rostro.
No había escrito ni 10 números de esos 50 o 60 que componían toda la columna.
Pero siempre estarás ahí y eso me reconfortaba...
:D

- Bien, ahora toca la segunda parte de la prueba. Vas a meter estos números en las celdas y cuando acabes con toda la columna de números la repites de nuevo -me lo dice con una ligera sonrisa en su descuidado rostro.
Estaba en el clímax de la pesadilla. Era incapaz de meter esa fila enorme de números en tan poco tiempo y empezar a meter los de debajo (5324512651236563443523) hasta completar la columna. Me había pillado. Estaba cautivo, indefenso, impotente, humillado. Sentada en su sitio, Ella disfrutaba del momento, su sadismo no tenía límites, le encantaba mi agonía. Por mi cabeza levitaba la palabra abandono, pero la pallabra orgullo volvía a mí. Tipeaba, ponía el dedo tapando la mitad de la fila para no perderme y trataba de relajarme. El teclado era blanco, pero un blanco marfil muy agradable al tacto y a la vista, tan agradable como el cielo azul de esa tarde y al mismo tiempo en mis oídos había una música, el diálogo de sus compañeras de trabajo en sus cubículos en forma de despacho, cubículos con formas coloradas, un resplandor rojizo en el que los objetos parecían oscuros y la piel de esta mujer desconocida devastada por el fuego desde la punta de sus pequeños pies (adorables) hasta la raíz de esos cabellos pintados. Había un gran cuadro en la pared y mi inestable balanceo de mis dedos marcaba el tiempo como un péndulo. Entonces la muchacha caminaba bajo esa luz, satisfecha, con un empático instinto maternal, aunque el chorro volcánico de su sadismo estaba ahí, definitivamente instalado en algún punto de su alma, y comenzaba a crecer, a lanzar sus tentáculos por el entorno mío.
- Oye, que ya has concluído la prueba. Ya es suficiente -me corta, impregnándome su perfume, su licor, su aroma, su forma que sus manos acariciaban ahora-. Pues nada, ya te llamaremos si finalmente eres elegido. De todas maneras, tenemos tu ficha y si hay algún otro puesto acorde a tus expectativas te informaremos sin ningún compromiso. Buenas tardes.
No había escrito ni 10 números de esos 50 o 60 que componían toda la columna.
Me levanto, siento que estoy colorado, me despido rápidamente sin verla, y al salir me doy cuenta que llevo la mochila abierta; abierta, pues no la había cerrado debido al aparatoso momento al que estuve sometido. Me alejo y no giro la vista hacia aquel lúgubre lugar. Huía, veía, oía y sentía el placer de avanzar, de alejarme, humeante, desplegándome entre una maraña de hormigón, asfalto, ruedas y seres, hacia el infinito, hacia el paraíso donde nunca penetraría esa luz rojiza.
Pero siempre estarás ahí y eso me reconfortaba...
:D

me ha gustado bastante tu manera de contarlo jajaja es un hecho real?
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